¡Vida!

Caleidoscopio de ideas

Editorial

Otoño

Llegó el Otoño, los fríos, y con ellos nuestros poetas que se habían retirado para hurgar entre sus papeles y construir así sus ficciones, sus teselas imaginarias. Y reciban otro número más de nuestro Caleidoscopio de Ideas. Casi a las puertas de los turrones. Dicen que los amores y las bicicletas son para el verano. Pero nosotros apostamos también por el Otoño, la bufanda, el gorro y el echarpe. Las nieblas y la sierra de Madrid, los hielos, las nubes, las ventoleras.

¿Y cuál es nuestro menú para este número? Escuchen: somos amantes de la lluvia como los adolescentes lo son de los besos cautivos: elogiamos así nuestra pubertad. Vivimos en tiempos breves, nos asfixiamos con nuestros amores y su voz tierna o confusa, pero también somos prosa y nostalgia, somos recuerdos evanescentes: ésta es Rosario. Somos héroes que marcharon sobre la historia (Jenofonte) pero también héroes arrancados al día-día, somos héroes locales. Somos niños que nos enseñan que los sueños están ahí, que existen y los necesitamos. Y somos los que viajaron y descubrieron ciudades donde pensar era un pecado. Todo esto somos.

Pero cómo no, nuestro mejor postre y sobremesa, hablarles de nuestra sabrosa cocina literaria: nuestra personal tertulia “online”, donde nuestros lectores y amigos parlotean sobre la literatura. Donde nuestro compañero Caque reflexiona sobre el poder del seudónimo y la vida pública del que roza el éxito de lo mundano. Y no podernos despedirnos sin mencionar a nuestro particular maldito: el genial José Hierro. Poeta entre poetas.

Verán que nos acompañan nuevas firmas. Poco a poco nuestro parnasillo se inunda de color, de matices: de vida. Aquí nos tienen para lo que gusten. ¡Ah!, esperamos sus plumas y ojos. Sus escritos, sus colaboraciones y su tiempo. Estimados lectores, disfruten, el telón se alza. Es hora de la chanza, del timbal del tahúr y del encanto del escribano que imagina mundos.

Editorial
editorial@caleidoscopiodeideas.com

Poesía

Elogio de la pubertad

Yo no soy más de lo que era
a los dieciocho años.
Me han enseñado
a tener más miedo,
a desconfiar más
de lo que fui con dieciocho años.
Y ahora mi copa se alza entre tinieblas.

(sin título)
Dispuesto está mi canto para tu oído.
Mi voz llegaría a tu voz,
luego a tus ojos;
por fin abriría tu cuerpo sentimental.

Me callo.
Eres joven.
Pero, dentro, siento que mil palomas
se están echando a volar.

(sin título)
¡Mira, las estrellas!
¡Hay tantas!
Al menos una por cada hombre que ha
Muerto.
¿Morirán ellas también?
¿Acabará la entropía por dirimir su ensueño?
No puede ser.
¿Moriré yo, algún día?
Eso sí que puede ser...

(sin título)
Hace falta tiempo
para poder cantar muy alto;
no bastan los simples momentos.
Hace falta el espacio
para que suceda algo bello.
Hace falta la sombra,
la carencia de algo.
Hace falta aquello
que permanentemente
necesitamos.

(sin título)
Dime el tamaño exacto de tu dolor.
¿Tiene largo,
ancho, dimensión?
¿Tiene un pobre y sucio color?


El mío es un crepúsculo abandonado.

(sin título)
Están volando mis flores
en estos momentos;
La eternidad queda lejos
de tu nombre y mi nombre.

José Ignacio Cívicos
http://nachocivicos.blogspot.com/

Vivo

vivo cuando grito cuando canto
cuando quiero estar contigo
vivo en una caricia en un beso
cada vez que busco tu aliento
vivo entre todos los mundos
que imagino, que dibujo, que deseo
vivo siempre que tomo parte
cuando quiebro la garganta
cuando digo que el mundo no es mío ni tuyo
cuando sé que nosotros somos del mundo
cuando no quiero ser cómplice y denuncio
cada muerto
cada guerra
cada arma
cada muro
vivo cuando respiro tolerancia
cuando no te miro con recelo
vivo en un mundo diverso
donde aprendo de las diferencias
vivo si quiero cambiar el mundo
si no quiero que el destino esté marcado
con la casualidad de ser nacido en uno u otro lado
vivo cuando quiero aprender
cuando observo cuando pienso cuando escribo
vivo siguiendo una utopía
volando en mi escoba
buscando una estrella
sentándome en la luna
acariciando tus caricias
besando tus besos

Santi
mailto:santi@alvarezdecaldas.com

La vida breve

Cuando sentimos las horas como hastíales
arcadas y gárgolas o girolas
de una
catedral imaginaria.

Cuando se nos pudren los relojes
y las pulseras que fueron nuevas o hermosas
son
una cinta
un halo
una excusa.

Cuando te piden la hora
y no sabes que esfera
sabrá contenerla.

Cuando eyaculas tiempo
y tus huesos son todo mansedumbre
sin aquel sustento,
carentes del elixir que los ennoblezca.

Porque suena a viejo
y es viejo
pero tiene vida.

La vida es breve,
como el mes de abril laminado
o un verano en play-back
o tal vez un océano desecado por la era geológica.

La vida es breve,
y es inútil disecar sus pausas
y preguntarse donde fuimos
y porque cedimos nuestro paso
aquel preciso día,
si tuvimos fuerza de mula
para arar los campos.

La vida es breve,
como contingente es lo hermoso
como las anochecidas de Urueña
como los picachos que no alcanzaremos nunca en los Ancares.

La vida es breve,
y no hay baúl que atesore la pérdida
no existe otra estrella fugaz
capaz de equilibrar la balanza.

No queda moneda que pague repetir la misma canción del jukebox
no existe andamio, ni librería que guarde tus libros
ni las páginas
serán recontadas o releídas

porque el vial es de un solo sentido
y somos nosotros los transeúntes
y el autostop conduce a la misma
frenética
abierta
desconchada
noche,

y la muerte se agita
nos alinea
unos antes que otros,
pero en orden ocioso,

si mirar la hora
si pensar que será tarde:
arriba se cuece de veras
la sentina del tiempo
y el verbo preciso que ya no recuerdo,

cuando sentimos las horas como hastiales
arcadas y gárgolas o girolas
de una
catedral imaginaria.

Félix H. de Rojas
http://eloterodelalechuza.blogspot.com

Noviembre

O la luz bajo los cedros, mágica lluvia que endulza el otoño, rincón donde crecen los duendes. O tus ojos de gato; o tres décadas en las manos, llenas de tantas cosas que no son importantes, cajones que rebosan y encuentras en el fondo, envuelto en telarañas, lo poco que te llevarías. O el misterio de tejer cada día, de remendar agujeros y colgar de la pared ausencias irreversibles

O la elegancia de un ciprés en el día de difuntos, árboles de cementerio que funden la tierra con el cielo; ese otro plano donde la realidad es la luz bajo los cedros, y todo lo demás un pálido reflejo; donde los sentidos son uno y respiran la esencia de los siglos. O despertar rastreando tu piel, envolverme en abrazos de luna, desnudos sobre el fin de los tiempos;

nada más
hay eterno.

Lidia Luna
http://desdelaluna.blogspot.com

En contra del silencio

En contra del poeta no te quiero callada.
Cuando hablas te derramas a ti misma,
como rebelde agua, como sauce,
como un canto que sale de unos labios
que no he conocido sin su habla.
Te quiero con el trueno del sonido,
repicando, fluyendo, caminando.
No calles. Dame todo lo que tengo de ti,
concédeme ese don. Al menos ese.

Si no te oigo me pierdo entre sonidos
que no me dicen nada y nada valen
Sólo tu voz me lleva hasta mí mismo,
me saca del futuro que no llega,
me da vida, me asombra.
Me hace esperar lo que nunca ha de ser, lo que no ha sido.
Tu voz, aunque no diga lo que quiero,
me transporta hacia un paso nunca dado.

¡Habla!. Redunda una y mil veces la palabra,
que pese a ser la misma es diferente,
repítela con sueño, con cansancio,
con pena o alegría. Habla cientos de veces,
no te importe decir y desdecir siempre lo mismo.
En contra del poeta, no te quiero callada,
no te deseo ausente. Busco que estés presente
y para ello digo, invento, persigo sin descanso
un verbo, una palabra o un susurro.

Cuando callas el sol no te descubre,
no ilumina tu cara ante mis ojos.
Cuando callas te pienso.
El triste pensamiento en el silencio
me recuerda que no estás en donde busco,
que te has ido otra vez al mismo sitio del cual nunca partiste.
Corta el lazo que me une a tu presencia
y no sabré que hacer con mis oídos.
Si callas reconozco que estoy solo,
que no estas cerca, que no voy a encontrarme.
Que escucho los susurros de la nada,
que no piensas en mi, que la muerte es silencio
¡Háblame!. ¿Cómo sabré sino que sigo vivo?
Gerardo Boneque
http://lefthandgod.blogspot.com

Prosa

Rosario

Hay sábados de madrugada en los que las manos establecen caminos nuevos por su cuenta. Olvidando mansamente aquellos otros en los que no creció la hierba en años. Los ojos, los míos, los tuyos, todos ellos van detrás y consolidan. Humean al hacerlo pero al final solidifican, densifican el ayer volviéndolo gelatina de días, caldereta de sensaciones idas.

Pero, aunque estacionario, no es lo habitual. Suelen ser tan solo mensajes secos que se cruzan en las frecuencias comerciales.

En estos momentos, en esas horas es bueno escribir en una hoja de papel los nombres de la infamia y arrebujándolos lanzarla lo más lejos de nosotros que podamos, describiendo una parábola semejante a las de urea, aquellas pugnas de meadas que de niños hacíamos para llegar más lejos. Pero perdón, que me distraigo de lo que me importa.

Decía sin querer decirlo claramente que empieza a ser costumbre despedir a mis seres próximos. A esos que llamo queridos porque me duele su ausencia como a veces lo hacía su presencia y ahora me culpo de haberlo hecho, ya sin remedio. Empieza a ser letanía y no es grata. Debo exorcizarla, pelearme con los trasgos y las fantasmas. Esta es mi catarsis, mi particular e incómodo diván en el psiquiatra. Vosotros, mudos e informes doctores.

Apago la pantalla y los charlatanes redundan su voz en las paredes y aún lanzan embustes parecidos desde el fondo de las estancias hueras. Se aboga por nuevos códigos penales que sean como mínimas moralias de una nueva sociedad de bienpensantes atrincherados en urbanizaciones bunker. Nos dejas en medio de unos tiempos en los que las éticas de suma y saldo se sumergen y prefieren descender a pulmón para no salir más.

- Llamó Medardo, abuela.
- No me interesa lo que diga ese rascatripas. A buenas horas mangas verdes.
- No llama para marearte. Está claro que vendrá. De todas formas, la chica era estrecha de puente y sabíamos que le costaría parir -

La calva incipiente clarea en los cúmulos de una cabeza pequeña que a duras penas parece guardar un equilibrio sobre los hombros breves. Las manos largas presionan el entrecejo con los dedos cuando buscan la salida reflexiva, pero la pose se troca penosamente cuando el bostezo se ejecuta automático y tiránico. La presión clarea la frente que brilla roja y tensa. Las patillas cuadradas están mal definidas en sus límites y molestan en el conjunto. El pater finalmente levanta el belfo y nos conforta.

Son pequeñas consejas que se pierden en la oscuridad como las sombras. Y de las mismas, o en su contra quizás, surge la historia breve que os recito.

Mi abuela nació en los albores de un siglo triste en una tierra seca que sigue dando santas y sabios, aunque ella no fuera al fin ninguna de las dos cosas. Ni falta que hacía.

El pago de Brieva absorbió muchos años atrás al pequeño Vicolozano. Vendría la gran cárcel a robar la fama y la breve honra. Infancia de vida rural, familias de siete hijos, los que Dios nos mande, los que tenga a bien mandarnos, ave maría, sin pecado concebido.

Vicolozano será bruma de color sepia en mi memoria posterior. Son como jugos recocidos y reconcentrados en el calor de la bilbaína negra. Nunca conseguí que me lo contase de un modo completo y mezclo lo poco que conozco y lo algo menos, que recuerdo. Menos sería perderlo todo.

Pero la historia de despliega con la fascinación de la veracidad, de las capas que se superponen y dan consistencia. Cebolla de secarral, mandorla mística, ajo corito.

Me gustaría poder deciros que los zarcillos de avellano caían de sus mejillas. Sería, tal vez, más hermoso, más lírico y mas ñoño. Pero no, no fue así y debo contar la verdad. Le gustaría lo mismo que la gustaba observar las nubes y las extrañas formas lanares que aparecían y no.

- De mala manera, de mala gana.
- Siento tu aliento en mi cara. – Ríen las niñas con la copla, camino de la escuela. Mes de mayo, mes de las flores. Todos los domingos la salve en la pequeña capilla. Y después el paseo por la calle de Santiago, desde la plaza de Zorrilla hasta la Plaza Mayor y Héroes del Alcázar. Arriba y abajo, arriba y abajo.

Y ahora la historia de amor. Que siempre hay alguna si la historia aspira a valer algo. Pero no historia afectada, sino real y bélica.

Se conocieron en un baile en la plaza de las Vistillas. Aquel Madrid inexistente hoy y capitalino que amó mi padre y extrañó porfiado cuando raramente veníamos y aparcábamos en pintor Rosales por no conducir en el follón que odiaba y temía. Si me vieras ahora hozando en la compota de metal y ruido.

Estuvieron separados mientras las pavas traían las tripas llenas de bombas y la Rosario ocultaba el rostro en los túneles de aquel metro niño. Él estaba en el norte, batallando por los otros. Da lo mismo de lo que hablemos porque si soy los unos, tú siempre serás los otros. Volando metralla, mal durmiendo, comiendo podredumbre y raspas. La vida no vale nada. Menos que nada este amor, este sentimiento que no cotiza en el estraperlo.

A lo lejos, abarraganado con una hembra, echaba de menos otra. Termina la guerra y el azar conchabado le retorna a la capital. Como en una novela de cordel se encuentran. No se han olvidado tras casi tres años de separación, de incertidumbre. Las cartas no llegaban al otro bando. No se podía saber si el otro alentaba siquiera. Pero no se habían olvidado.

Casan con una boda de penuria. Boda mínima, existencial sin saberlo, boda de sopicaldo y de farfolla. Lo único que se estrenaba era una posguerra como quien estrena un harapo sangriento y cruel. Él con el traje de gala y tricornio con jarretera y banda. Ella de negro riguroso, como las novias de ultramar, como las novias coloniales. Durante años la foto del instante ha estado en casa de mi madre y aún sigue en su marco nacarado junto a la planta que llaman protos y que se enreda hacia el cielo que no alcanzará.

Vendrían los años grises viviendo en casas cuartel. Lo único a lo que llamar casa sería una cómoda con algo de ropa de domingo además de la de diario entre bolas de alcanfor y manzanas secas. Mucho, mucho después una máquina de coser singer. La que cantaba al mover el frío pedal de forja.

Mujer de pedernal, de esquirlas de mica, de cemento, de cal viva. Dura como el ladrido, como la zarpa montuna que hace presa, como la vida que se escapa con vívido y descarnado realismo. Madre enlutada de una hija ida con cuatro años. Lleva en su marcha su nombre y parte del alma suya. La vida sigue muda, sorda, absurda como una terciana mal curada.

Cuarteles. Ladridos de perros flacos y comida de economato militar. La Mudarra. Una nueva hija que alienta. Guardias en el páramo y servicios de puerta a pie firme. Traslados de presos. Noches de frío. Gentes de orden con tabaco de liar y calzoncillos de pernera larga. La cómoda y la singer con marquetería inglesa siguen como únicas propiedades.

Valladolid, el cuartel de San José. Años después luego iríamos los granujas muy cerca, al Caifás, a tomar coñac con chocolate –lumumbas o lugumbas creo que se llamaban- y a esperar los temibles lentos. Luego sería local de boys para despedidas de soltera. Sic transit, amigo mío, sic transit.

Y al caer de los años, la calle Clavijo que ya no existe. La casa soñada con ventanas de madera y cristales espirituales que dejaban pasar el elemental e igualitario frío pucelano frente al cauce domado a medias de la esgueva. El suelo de terrazo donde distinguía mal de niño a las cucarachas cuando salían de bajo el gran fregadero cuadrado de loza blanca. El crucifijo de madera oscura y las camas de forjado y muelles de acero. Los colchones de lana que había que varear en el buen tiempo y el espejo de falso bronce dorado en forma de sol frente a la entrada. El papel pintado en las paredes, la vajilla de porcelana y latón. La despensa con sus mantelitos en los anaqueles, las bombonas naranja de butano que resaltaban con su color estridente como una falsa y barata modernidad. El vecindario variopinto que poblaba aquella plaza de las batallas. Carmen, la falsa Eustaquia, los mangas, el Emeterio, doña Rosa, don Emilio y Emilito, su hijo. Aquella minúscula bodega donde vendían el vino a granel por cuartillos y el abuelo me invitaba siempre a una aceituna de las gordas. La barbería donde todavía hasta hace un tres o cuatro años iba a cortarme el pelo pero fundamentalmente a recordar aquellas inundaciones que vadeaba con mis katiuskas.

- Sois unos pindongos - decía y le enfadaba que Alberto le dijese aquello de la sopa boba porque ella ante todo pagaba. Siempre lo hacía. Siempre lo había hecho en su vida de un modo u otro.

Con franqueza no sé que pasará, pero espero sinceramente que nos veamos de nuevo. O si no es así, poder volver atrás un breve tiempo a recordar juntos y jugar una brisca o un julepe. De alguna manera que ya pensaremos “chitonces”.

Fernando Díaz Pérez
http://antecedentesygeneralidades.blogspot.com/

Jenofonte

En la primavera del año 531 antes de que el cometa Haley fuera visto en la siempre mística ciudad de Belén, diez mil griegos cantaban y marchaban con las espadas afiladas y los bolsillos llenos de oro en dirección al corazón del Imperio Persa. La suya era una marcha triunfal destinada a la historia, la gloria y la victoria. La Sibila lo había dicho y la Sibila nunca mentía. Los dioses sí, pero La Sibila no.

Los diez mil dejaron de cantar cuando pasaron por Frigia y el pan se pudrió; dejaron de sonreír cuando atravesaron Licaonia y la enfermedad les acechó; dejaron de confiar cuando recorrieron Capadocia y el agua escaseó. Los diez mil griegos que estaban destinados a la victoria llegaron hasta Tarso y allí se rebelaron.

Pero La Sibila había hablado y nadie lleva la contraria a La Sibila. La expedición estaba destinada a la Victoria, así que pidieron más sueldo, llenaron sus odres, salaron su caza y volvieron a avanzar cantando hasta que el rey Ciro, que les pagaba para seguir siendo rey, murió a manos de su hermano.

Los soldados sabían parte de la profecía, como suele ocurrir, sólo lo que les hacía falta. Los generales conocían gran parte de las palabras de La Sibila, como es habitual, sólo las que querían saber. Jenofonte conocía el augurio en su conjunto: "los que recorran dos veces el camino han de morir; victoriosos saldrán si marchan con corona".

El rey, que ya lo era de Persia sin el apoyo de los diez mil, les exigió rendirse. Pero, desde las Thermopilas, los griegos no se planteaban rendirse ante los persas. Y volvieron.

Jenofonte desafió el oráculo y volvió. Giro sobre sus pasos y emprendió un retorno en el que los persas le pisaban los talones y su ejército no había sido derrotado porque no había entrado en combate.

Le ofreció su ejercito al rey de Corinto y este lo rechazó; le prestó sus armas al monarca de Tracia y este las ignoró; puso a sus mercenarios a las órdenes de la corona de Macedonia y Macedonia no les dejó atravesar su territorio. "Los que recorran dos veces el camino han de morir": A esas alturas las palabras de La Sibila resonaban en los oídos y el miedo de todos los monarcas del mundo heleno.

Un año y tres meses después, los diez mil estaban a las puertas de Tebas. Su príncipe, expulsado por los persas, aceptaba su ayuda porque ya estaba derrotado y los diez mil de Jenofonte, contra el oráculo de La Sibila, entraron en batalla y contra el oráculo de La Sibila barrieron del campo a los persas y sus aliados.

Dos jornadas después, el ejercito se desmovilizó frente a las puertas de Atenas, donde ningún ejército griego ha entrado nunca armado.

En Delfos una Sibila agonizaba mientras le dejaba su puesto a su heredera. Muchos en Grecia mantenían que por primera vez había fallado, pero ella sabía que no. El príncipe tebano llevaba y defendía su corona. Y volver al origen no significa necesariamente recorrer de nuevo el mismo camino. Jenofonte, en busca una corona para su ejercito, le había devuelto a casa por un itinerario diferente.

La mascara de oro de la nueva sibila ahogo en parte su risa: "Volver en ocasiones es la forma más recta de avanzar". El hombre rico que había pagado la mitad de su fortuna por escuchar El Oráculo de Delfos no entendió las palabras. No iban dirigidas a su persona.

Gerardo Boneque
http://lefthandgod.blogspot.com

Héroe Local

Sabía mantener la vista fija como nadie. Elegía un objeto, lo poseía en su interior, lo tomaba, lo repetía mil veces. Lo estático. Su dominio. En el sexo, lo pasivo. Círculos. Pi. Sin fin. FIN.

Odiaba los finales.

- Odio los finales. No les soporto. Es Perecer. Imagínate, aquella aguja donde se posan las cigüeñas. Me planto y las domino. Ellas no me ven y pronto sabría más de ellas, cada movimiento instintivo, el rizado del plumaje, sería una más, así hasta confundirme, sin pulso, me nacerían las alas, volaría ...

Lo dinámico parecía confuso. No era estable. Ser consciente de la perpetuidad de una posición, sus detalles.

- Te arrojas al cielo. Azul sin nubes. Limpio. Constante. Eyaculas. Terminas. Comienzas. Centras toda tu pasión en un momento fijo, tan inamovible. La recoges entre tus brazos y la besas. El beso es corto, pero si lo mantienes en la cabeza, lo congelas. Sabes, el beso resulta ser la aguja con las cigüeñas, vives y sólo vives para este beso, ni eso, es la imagen fija del beso que te repites. La vida es así. Sé parar el tiempo. Te miro, brillan los ojos y amo tu brillo, amo el momento.

Era el dominio del círculo. Señalaba las cigüeñas. Guiñaba los ojos al sol mientras lo repetía. Me había contado que mantuvo fija la mirada frente al espejo más de seis horas. Después se quedó dormido. Había memorizado su rostro y no podía olvidarlo. Memorizó el gesto, el reflejo, la luz, la piel, las cejas, mantuvo la impresión en la vigilia, la petrificó. Grabó el espejo. Durmió y el espejo siguió dentro.

Nunca creí su historia. Evidentemente exageraba. Sabía fijar la mirada, absorber al contrincante, desnudarlo, examinarlo. Media, tres cuartos, dos horas. No contra sí. Ni soñar con uno mismo.

Arrebato. Vampirismo. Pronunciaba detenidamente las palabras.

- Una vez - se reía - cuando conocí una tía, le propuse joder en silencio. La desnudé. La poseí. Se extrañó. ¿ Qué haces ?, en un descuido la até a la cama. La penetré. Al principio ella se resistió, pero cuando comprendió se mantuvo quieta. Y lo hicimos. Ves la cigüeña. No son horas. Es un siempre. Siempre estuvimos ella y yo, encima y debajo, en silencio, mirándonos la boca, gozando. Lo entiendes. Somos así.

Y se reía aún más.

Félix H. de Rojas
http://eloterodelalechuza.blogspot.com

Meditación

Como un pasillo; una vez hubo una salida. Tú estás al final; lo sé porque me has llamado varias veces mientras caminaba. Me desoriento; me enredo en mis pasos y tropiezo con la pared. No hay luz aquí. Quiero salir al bosque, quiero ponerme un vestido blanco y danzar alrededor de la hoguera. De vez en cuando me paro; no puedo evitarlo. No es suficiente la idea de la luz ahí fuera; a ratos no quiero seguir, sólo encogerme y permanecer aquí; no importa para siempre. Escucho mis propios pensamientos: son como un eco que retumba. Quiero acallarlos; quiero escuchar otra voz pequeña, dentro de mí. Escuchar a la niña; sé que sigue ahí.

Espera. La he encontrado, camina de mi mano. El pasillo es un poco más ancho. Está asustada. No me reconoce; yo no era así, ahí fuera. Yo corría con ella por la playa, le lanzaba el agua del mar. Yo le ayudaba a contar las estrellas; le enseñé a no tener miedo. A desear siempre algo. Ahora no me reconoce, quiere que la saque de aquí. Le digo que tal vez sea ella la que conoce el camino, tal vez si me dejo guiar… los pensamientos son más débiles. Le pido que me hable del mundo ahí fuera; casi lo he olvidado. Me habla de una brisa, junto al mar. El mar debe ser algo tan hermoso… me habla de una noche clara de verano. Me dice que no debo rescatar todos los recuerdos, sólo los buenos. Que cavaremos juntas un agujero en la arena, y en él enterraremos todas las cosas malas. Lloro. Ella aprieta fuerte mi mano, pero me dice que no debemos detenernos. Que tú esperas al otro lado. Le digo que ahora ya casi no escucho mis pensamientos, pero aún tengo miedo. Miedo de que ella se marche otra vez, contigo sólo quiero ser esa niña. "No olvides ese cielo", me dice, "y seguiré a tu lado". "Tú me enseñaste a soñar; yo te recordaré cómo se hace: cierra los ojos".

Lo recuerdo. Un cielo estrellado y el murmullo de las olas. El olor del mar. Crepitaba una hoguera. Siento su calor en el rostro. Abro los ojos. Estoy en el claro del bosque; tú estás a mi lado. Entre los árboles, la niña hace un gesto para despedirse; sé que, aunque se marche ahora, seguirá conmigo. Cojo tu mano y te sonrío: también yo debo marcharme, aún tenemos un camino por recorrer. Pero volveremos a encontrarnos aquí, frente a la hoguera, tal vez para siempre.

Lidia Luna
http://desdelaluna.blogspot.com

Mis pensamientos

Toni había viajado prácticamente por todos los continentes y había visitado ciudades fascinantes a lo largo de su corta vida, pero jamás había estado en un sitio como aquel.

Era una ciudad tremendamente bulliciosa, sus calles y plazas estaban abarrotadas de gente que iban de un lado para otro como atormentados, como obsesionados por ganarle tiempo al tiempo. Pero todos ellos tenían en su mirada esa expresión de incertidumbre del que no sabe a donde se dirige realmente, era una expresión de duda, de duda atormentada por las prisas. Era como si aquella gente no dispusiese del tiempo necesario para reflexionar, de decidir hacia donde dirigirse, pero en cambio se movían con una urgencia agobiante, como si todos ellos quisiesen ser los primeros en llegar.

Toni les observaba con curiosidad y con preocupación, tenía la sensación de que algo terrible estaba sucediendo en aquella ciudad, algo misterioso que él no alcanzaba a entender. Vio como todo aquel caos estaba organizado por unas máquinas que marcaban el ritmo, el ritmo al que se movía la gente. Cuando unas máquinas, que estaban situadas en lo alto de una especie de árboles metálicos, encendían una luz verde, entonces todo el mundo se abalanzaba y cruzaba las avenidas de un lado al otro. De repente, la máquina cambiaba al color rojo y la gente se detenía. Un estruendoso ruido se apoderaba de la zona y una especie de carros que echaban un humo terrible invadían las avenidas Entonces las gentes se amontonaban al borde de la avenida y todos observaban impacientes aquella luz roja, como esperando una nueva señal para reiniciar su atormentado camino. Cada vez llegaba más gente a aquel punto y todos se comportaban igual, se detenían sin hablar, miraban la luz roja sin pestañear y contenían la respiración como si durante aquellos instantes no estuviese permitido ni siquiera respirar. Al poco, luz de aquella máquina cambiaba el rojo por el verde y un pájaro empezaba a piar. Era un piar triste y repetitivo, como si aquella máquina tuviese secuestrado a un pájaro y se le hubiese adiestrado para emitir siempre el mismo sonido.

Toni caminó por las calles de aquella ciudad durante un buen rato intentando encontrar una explicación lógica a tanta urgencia y sin sentido. Llegó a una calle estrecha, más concurrida que el resto de la ciudad pero por lo menos por allí no transitaban ruidosos carros.

Y de repente, comenzó un infernal ruido sirenas y la gente empezó a correr como si huyese de algo terrible. Las sirenas cada vez sonaban más cerca y la muchedumbre gritaba y corría aterrada intentando escapar de algo, que sin duda sería peor que la misma muerte. Un miedo infinito había paralizado a Toni en medio de aquella estrecha calle. La gente pasaba a su lado corriendo y dándose codazos para no quedarse atrás. Muchos al pasar le miraban con rabia acusadora y le gritaban cosas. Después de unos segundos Toni consiguió que sus músculos le respondiesen y empezó a correr él también sin saber muy bien porque pero sabiendo que si no huía de aquel sitio algo terrible le iba a pasar. No había recorrido más que unos cuantos metros cuando un anciano le cogió del brazo y le llevó a una orilla. Se detuvieron, el anciano le miró a los ojos durante un segundo y le dijo:

– ¿Has sido tú?

Toni negaba con la cabeza muerto de miedo. No sabía de qué iba toda aquella locura, pero estaba seguro que él no había sido.

El anciano le miraba con preocupación porque las sirenas cada vez sonaban más cerca, y le volvió a preguntar:

– ¿Has sido tú el que ha pensado?

Toni estaba aterrado, ¿cómo que si había sido él el que había pensado? ¿pensado el qué? Toni nunca dejaba de darle vueltas a las cosas, su imaginación no descansaba ni siquiera cuando dormía. Le encantaba inventarse mundos y poner a fascinantes personajes en él.

El ruido de las sirenas cada vez estaba más cerca y ya quedaban pocas personas en aquella parte de la calle. Entonces el anciano cogió de la mano a Toni pegándole un fuerte tirón y le dijo:

– Vamos, no te quedes ahí. ¡Corre!

Mientras corrían calle abajo, el anciano le contaba a Toni:

– No está permitido pensar en esta ciudad. ¡Ha saltado la alarma y la policía viene a por ti! Si te pillan harán contigo lo mismo que con el resto. Te someterán a un tratamiento por el que no podrás tener un solo pensamiento más el resto de tu vida.

Era un pánico aterrador lo que Toni sentía. ¿No volver a pensar? Nunca había imaginado un castigo tan cruel.

Jadeando, apenas podía articular unas cuantas palabras:

– Yo no sabía… yo acabo de llegar… yo no soy de aquí…

Y ante la acusadora mirada del anciano volvía a intentar pronunciar algo con sentido:

– ¡Yo no puedo dejar de pensar!

El viejo le llevó hacia una callejuela que salía al lado de un cubo de basura y le dijo:

– Está bien, tranquilízate y escúchame con atención. La única forma de burlar a los detectores de pensamientos que hay instalados por toda la ciudad es sobrecargarlos. Lo que has de hacer es pensar muy de prisa y en muchas cosas diferentes a la vez. No mantengas un pensamiento en tu cabeza durante mucho tiempo, cambia de uno a otro sin parar.

Toni escuchaba con atención. Algo mucho más importante que su vida estaba en juego, sus pensamientos. Toni sabía que su vida no tendría ningún sentido sin imaginación.

A los pocos minutos las sirenas dejaron de sonar y la gente dejó de correr. El anciano cambió su rostro de miedo por una sonrisa de satisfacción.

– Bien hecho chaval. Lo hemos conseguido. Pero has de tener cuidado, la única forma de burlar a esos detectores de pensamientos es pensar muy de prisa muchas cosas diferentes.

Antes de despedirse de Toni, el anciano le explicó que las máquinas controlaban por completo aquella ciudad. Habían llegado hacía muchos años y después de estudiar en sus laboratorios el comportamiento de los humanos, y de imitar todo lo que habían podido se dieron cuenta que lo único que no podían copiar de los hombres era su capacidad de pensar. Entonces habían decidido prohibirlo y llenar la ciudad de radares para detectar cualquier pensamiento.

Por ese mismo motivo, también está prohibido leer en esta ciudad, porque mientras lees piensas. El único sitio donde es posible pensar y leer sin que los detectores hagan saltar alarmas es en el tren que atraviesa la ciudad por debajo.

Santi
mailto:santi@alvarezdecaldas.com

Cocina literaria

Un poco de tertulia

Estimados lectores de Caleidoscopio:

Les invitamos a que asistan a nuestra particular tertulia literaria. El siguiente fragmento ha de ser tenido en cuenta a modo de conversación "digital", conversación de amigos a media voz, de reunión de café. Son verdades, que por ser personales, son todas falsas y ciertas en su justa medida a un mismo tiempo. Respetuosas y trasgresoras a la par. Miradas personales. Tiempo de conversación, de literatura y palabras. Posos y reflexiones del que maneja el papel y lápiz, o quizás ahora el ordenador y se pregunta que por qué escribe.

Se recogen a partir de los comentarios al texto "Rosario" de nuestro compañero Fernando Díaz Pérez, aparecidos en su blog: antecedentesygeneralidades

Nos tomamos la libertad de reproducirlos tal cual están. Disculpen las incorrecciones gramáticales, léxicas, etc. Porque son ante todo, palabras que nacen del corazón.

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Juan Carlos dijo...

Creo que te lo dije en otro comentario, eres más poético en la prosa que en la poesía. Tus descripciones se alargan más allá de las comas o los puntos, signos toscos y mentirosos porque no pueden frenar el latido y la calidad de tu escritura.

Un abrazo.

6:56 PM, julio 03, 2006

Gonzalo Villafáñez García dijo...

En estos textos Fernando es donde descubro, o me figuro viéndote escribir, un escritor que describe a sus personajes y obras como un escritor curtido y profesional, alguién que se hubiera dedicado a la profesión de escribir, y no a la profesión que tenemos (que le vamos hacer, nos da de comer y nos lleva de vacaciones) pero es curioso como en estos textos es como si asomara el otro yo, el que consigue esos párrafos.

9:02 PM, julio 10, 2006

Fernando Díaz dijo...

Tienes razón Gonzalo y te agradezco las palabras, aunque de alguna manera nunca he estado completamente de acuerdo con el concepto "profesional", así, con comillas .
¿Qué es ser profesional? Imagino que lo que queremos decir con ello es la posibilidad de ganar un salario con las diversas actividades literarias. Y es verdad, eso estaría genial. Para que nos vamos a engañar.
Pero, de otra parte, estaremos de acuerdo que una cosa es hacer literatura (o siendo menos pretencioso, escribir) por gusto, sobre lo que te apetezca y en el momento que te apetezca y otra bien distinta, tener que realizar encargos o trabajos adicionales que poco o nada tienen que ver con ese inafable del arte literario que es en realidad lo que nos llama a todos nosotros.
Desde esa óptica, ¿creeis que nos gustaría ser "profesionales"? ¿Seguirías, Gonzalo, pudiendo escribir desde tu atalaya libertaria sin dar más explicaciones que a tu conciencia y a tu inteligencia?
Imagino que no estaremos de acuerdo todos ni mucho menos, pero como siempre, eso es lo bueno.
Me gustará leer vuestras opiniones.

1:49 PM, julio 11, 2006

Gonzalo Villafáñez García dijo...

Pues es un tema que siempre me ha gustado sacar cuando hemos tenido un café delante Caque, Juancar y yo.
Algo de razón tienes en lo que dices, pero pensemos...Mozart, Beethoven, Lope de Vega...creaban de encargo, o mejor dicho, incluso llegaban sólo a coger la pluma y el pentagrama si había un presupuesto encima de la mesa como demuestra la correspondencia del genio del que cumplimos su aniversario, o la de Beethoven. Como hacían sus obras en el renacimiento...por encargo, por dinero diríamos ahora nosotros, y eso a que me lleva, pues que si bien es verdad que a sueldo de alguién o algo, mi libertad se resentiría seguramente (alguién me indicaría con sibilina mesura que cierto tema por ejemplo no es conconveniente para polemizar)también es verdad, que el patrocinio o el vivir "Profesional" con las comillas, tienes razón, da otro tipo de compensaciones beneficiosas como por ejemplo llegar a hacer obras de gran amplitud, es decir, todo depende de lo que uno quiera dar, lleve dentro y sea capaz de hacer, si uno tiene poco pues ya se sabe, estará más cerca de un diletante que de un "artista". Pensemos en García Lorca, sólo empezó a diseñar y hacer sus famosas obras teatrales para el pueblo cuando vio medios públicos que financiasen sus estupendas giras por la España interior, y aunque era poco el presupuesto, era lo suficiente para sentirse pagado, él y los colaboradores claro.
Sí, pienso que habría encargos literareos, tan cargantes que se parecerían o serían peores que cualquier trabajo que ahora hago o hiciera, pero no menos ciertos que habría metas que yo pondría o incluso encargos que me supondrían explorar regiones de la creación que yo no habría imaginado. Digo esto porque nosotros mismos nos hemos sorprendido en este y otros proyectos, escribiendo cosas que no entraban en el guión de la total libertad. Y pienso que nunca está todo dicho en esto de la libertad, los liberales dirían que empieza donde alguién me dice que tengo que hacer aquello o cuando yo no quiero hacer lo otro. Pero quién sabe...nunca sabremos lo que hubiéramos sido si hubieramos tenido las 24 horas de día durante nuestra vida para escribir, o lo que hubieramos escrito, o no escrito si tuviésemos que hacerlo para vivir. Como tampoco se sabe que hubiera ocurrido si nos casamos o vivimos con aquella chica que conocimos en la infancia y ahora la tenemos casi olvidada, o como no sabe un héroe que hubiera pasado si de repente hubiera sido un cobarde en el momento que decidió ser héroe. Lo mismo hubiera estado vivo y no muerto. ¿Nosotros estamos por ello ahora más vivos que si hubiéramos querido (ninguno ha querido elegir otro camino o lo ha arriesgado por elegirlo) ser "profesionales" del escribir? Pues según Eladio no, para él vivir por dentro la economía es ser mejor que cualquier genio de la literatura que por ejemplo, aunque claro, el filósofo está por encima de las comparaciones, igual que el exegeta o el teólogo. Difícil guardar la objetividad en este tema, incluso cuando hablamos nosotros.
Espero que te gustara este rollo Fernand.

8:21 PM, julio 11, 2006

Fernando Díaz dijo...

No solo me gusta lo que dices (que esta lejos por cierto de ser un rollo)sino que me hace añorar aquellas charlas interminables que manteníamos en aquellos inicios de los años noventa en esa Valladolid inexistente hoy.
Hoy mismo he comido con nuestro Félix y una de las cosas de las que nos dolíamos en común(además del trabajo y sus imposiciones y miserias) era de la dificultad de encontrar buenos contertulios, buenos debatidores, en el sentido que siempre trato de explicar a quien tiene la desgracia de sufrir mis batallas del "Club de las Letras Europeas" y de los "Cuadernos de Tertulia": El contertulio no es exatamente un amigo (aunque tiende a convertirse en uno), no es un obviamente un desconocido, es más que un colega y algo menos que un hermano con el que te liga un placer secreto, un arcano compartido.
El contertulio, el bueno al menos, entra en la tertulia, en el debate con ganas de resultar vencedor pero dispuesto a perder si es necesario, porque ello supondrá salir mejorado, iluminado por creer haber encontrado un pedazo de verdad, de sabiduría. De este modo, siempre se gana.
En estos extraños sentidos (por erráticos y difíciles de encontrar) es un placer recuperaros a todos.
Solo por eso, merece la pena este nuevo vericueto de la vereda común.

10:44 PM, julio 11, 2006

Caque dijo...

Desconozco los ingredientes para hacer que alguien en un momento dado se convierta en un artista reconocido no las sé. Lo siento. Si lo pienso no me salen más que obviedades. Aunque en estos tiempos las obviedades sean, por su alta concentración de sentido común, conceptos revolucionarios. Qué sé yo… Pues una mezcla de genio, trabajo, oportunidad, publicidad, suerte… Y probablemente cada caso sea un mundo.

Como bien indica Gonzalo, la esclavitud del artista al mercado siempre ha existido, lo único que cambia son las características de dicho mercado, diferentes si hablamos de la mesa de donde cenaban juntos los Borgia, o del índice general de audiencia. Y realmente nunca se sabe que agudiza más el ingenio artístico, si la necesidad o la abundancia de libertad (Libertad de expresión, de tiempo…). A saber... Como dije antes, ejemplos variopintos hay en la historia.

En los plácidos países del primer mundo, como a dios gracias es el nuestro, las clases medias asaltaron una cuota del poder, también gracias a dios o a marx (si ponemos a dios con minúscula a marx también, no queremos herir susceptibilidades), y por ende también tomaron el arte y la cultura. La clarísima generalización de un mejor nivel de vida, unida a la aparición del tiempo de ocio como un logro social y si me fuerzan una necesidad económica (la asociación del ocio con el consumo es evidente), ha devenido en que gentes que hace siglos sólo pensaran en sobrevivir aprendiendo el oficio de su padre o en bien casarse y traer hijos al mundo, fijen su miradas en actividades más “elevadas” y descubran que poseen otros tipos de aptitudes.

Esto qué es lo que significa, que ahora existe la ocasión de que surjan más genios, antes ahogados por las necesidades cotidianas, o que mediocres que antes jamás hubieran soñado con ver su “creatividad artística” expuesta al público puedan conseguirlo.

Qué somos: genios por descubrir o mediocres descubiertos.

Yo probablemente sea un mediocre descubierto (o no, no sé, no me preocupa). Puede que eso sea malo para la literatura. Pero créanme cuando les digo que para mi es bueno. Suspiro de alivio cuando observo, desde esta recién estrenada madurez en que me hallo, el paisaje de mi actual vida, y lo comparo con un hipotético escenario, que pudo perfectamente configurarse, el de un Caque trabajando codo a codo con sus padres en una charcutería de Valladolid.

Adiós… Ya saben que es un placer conversar con ustedes…

POSDATA: Fernando, el texto es estupendo, la morriña le sienta fenomenal a tu literatura.

10:02 AM, julio 13, 2006

Juan Carlos dijo...

Yo hace tiempo que asocio el término "profesional artístico" más a una trayectoria, fruto de una formación y un espíritu de trabajo, que debe sufrir muchos altibajos, porque el artista que no se cuestiona con mucha frecuencia su creatividad y su forma de trabajo se convierte en un asalariado más, quizá hasta más prepotente por ganarse la vida con disciplinas artísticas.
Yo sería el ejemplo de una persona que tiene resuelto el terreno laboral y económico y cuenta con la posibilidad de construir un ocio creativo, pero a pesar de que tengas unas condiciones inmejorables para ello, no siempre es posible. Mi terreno en el arte está en el teatro y la poesía, es lo que realmente me motiva, y en las diversas combinaciones que pueden hacerse con esos dos universos y que considero que hay bastantes sin explorar. Voy flirteando con lecturas, ideas, escritos, pero en el fondo sé que necesito, fundamentalmente en el teatro, a alguna/s personas que conecten con mis ilusiones y que su vida les permita compartir tiempos conmigo, y eso es complicadísimo. Las aventuras en solitario me saben más amargas, nada es comparable a trabajar en arte en sintonía con otros.
Por eso nuestra pequeña comunidad me sirve de referencia para no bajar los brazos, para confiar en que hay caminos abiertos.
Arte verdaderamente colectivo sin basarse en apoyos o financiación institucional, ésa es la utopía.

10:28 AM, julio 13, 2006

El usuario anónimo dijo...

Desde mi punto de vista y contestando a Caque, creo que lo que define al literato es la intuición. Me explico:
La intuición es la percepción clara, íntima e instantánea de una verdad sin el auxilio de la razón, tal como si se tuviera a la vista; la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin razonamiento. La palabra intuición proviene de la raíz latina “intuent”, que significa ver el interior (no quiero ser pedante, pero clarifica).

En el momento de tomar una decisión, la persona siente un cosquilleo en el estómago, como una alarma, y no la toma. O está frente a una encrucijada y, de forma espontánea, toma uno de los caminos como si ya hubiese estado allí antes.
Ninguno de los dos casos tiene una explicación lógica, racional o analizable; sin embargo, en ambos casos la persona siente seguridad en lo que hace, acompañada de tranquilidad espiritual.
No se trata de milagros sino de mensajes internos libres de la lógica o el razonamiento; son ideas o percepciones espontáneas, no buscadas, que dan una alerta o condicionan una decisión. Eso es la intuición.
Elegir un sustantivo, un adjetivo y no otro, una frase adverbial por otra es ante todo labor de viscera. Creo que el exceso de lecturas sirven de poco, yo creo que el literato nace y se hace poco (como los buenos chuletones)
Por cierto, el texto es interesante, incluso muy bueno, pero se le nota demasiado trabajado, sin la frescura que da la expontaneidad.
Un saludo desde Salamanca, blogeros.

Luis A.

1:27 PM, julio 13, 2006

El usuario anónimo dijo...

Para mi es un tema fascinante el de las razones por las cuales escribimos o no. A mi me resulta difícil elaborar comentarios y a veces me paso días tratando de construir uno. Excesiva rigurosidad, sin duda. A

Allí la verdad, envidio sanamente la prosa liviana. No se trata de ser literato sino de saber cómo decir las cosas.

Quiero escribir todos los días y por x, y o z no lo logro y vaya que me molesto conmigo misma y digo: "debería ser capaz de hacerlo" pero simplemente no puedo y pasan los días.

Lo que sí es cierto es que una vez que se comienza a escribir y se insiste, la actitud cambia, las prioridades cambian y una de ellas comienza a ser justamente la de publicar diariamente.

Uno de los encantos, sin embargo es el de sentir que efectivamente estamos formando parte de una red de comunicación y que los interlocutores están allí, pasan y aunque no digan nada en un momento, quizás vuelvan.

Para mi el lenguaje sí que es importante y la escritura casi diaria de estos comentarios ha servido al menos para que no me lo piense tanto a la hora de escribir cualquier otra cosa: desde informes hasta cartas o artículos comienzan a emerger de una forma mucho más rápida.

Sí, es un laboratorio de escritura, de alguna manera. Practico y, si me contestan, pienso que algo he hecho bien: o el tema que elegí es interesante o la manera en la que comuniqué lo que quería estuvo bien. Quizás es parte del proceso de maduración, quién sabe.

¿Para quien escribo? Para mi misma en primer lugar y si lo que escribo tiene sentido para los demás pues bienvenido sea, a mi me está permitiendo construir un universo de sentido, de intereses, de textualidades, así como la maduración de ciertas reflexiones.

A veces tambien me pregunto si tiene sentido que escriba sobre tantas cosas y si no debería más bien concentrarme en algunas de las cosas que prometo en mi presentación y que, a mi juicio, aún no cumplo del todo.

No sabría contestar esas preguntas ahora, sin embargo me gusta este construir y deconstruir(me) en la escritura.

To be continue... seguramente.

Clara

1:45 PM, julio 13, 2006

Caque dijo...

Sí, el arte es una forma de acceso al conocimiento, en principio, y de compartirlo, si se quiere, después, menos estable que otras, pero bastante más divertida. No imaginaba que teníamos tanto nivel, me ha sorprendido gratamente.

Sí, la tendencia “culterana” es evidente, pero eso en sí no es negativo, ni trabajarse mucho los textos tampoco, no creo que esas dos características condenen un texto a ser artificioso o pretencioso. A lo que le condenan es a tener menos lectores, pues suelen ser de lectura ardua. Esa tendencia “culterana” es más patente en la poesía, pasa a veces que el conjunto del poema suena bien, son hermosas las palabras que se hilvanan, pero carentes de contenido porque, de personal y de oscura, no se desentraña la metáfora. Aunque esto no sé a quién deja en peor situación, si al escritor complicado o al lerdo lector.

Sí, es una disciplina buena para pulir la técnica, sobre todo se gana en la rapidez, yo también lo he notado.

Sí, si pienso que hay que centrarse en una obra, siempre y cuando la vida lo permita, claro.

4:38 PM, julio 14, 2006

Gonzalo Villafáñez García dijo...

¿Que es ser "artista"? ser escritor/poeta están dentro de la definición, ¿un periodista se considerará escritor, igual que Stendal?
¿Y, una obra, da la media de eso que llamamos "escritor profesional" (lo de artista se utiliza menos ya en la literatura)?
Por ejemplo esta breve obra con la que abro uno de mis libros de poemas, ¿me define ya como escritor?:

La felicidad arrastra candelabros encendidos
por las bocas oscuras del metro.
Abre las cortezas de los árboles y sorbe su sabía;
la línea de una falda la insinúa.

La felicidad pone el grito bizarro a la sucursal bancaria.
Quita las ruedas a soplidos de automóviles
en un gran juego de aros urbanístico.
Los amantes llamando al columpio su casa.

La felicidad desliza un paquete extraño
conteniendo una bomba de relojería transparente.
Sienta en las rodillas al poderoso
y deja el sombrero sobre la farola encendida.

La felicidad tiende a consumirse en bocanadas
de espuma rodando por peldaños;
fastidia tradiciones y planea resacas múltiples.
Sube al hombre a la cima y 30 veces
lo traiciona sin darse cuenta.


Y la traigo a colación, esta obra, para decir, que esta grata tertulia en la distancia, empezaba hablando de si era o no mejor dedicarse a escribir de manera "profesional" (utilizamos mucho en esta tertulia las comillas, queremos ser cuidadosos)o escribir de vez en cuando en la red sin mayores preocupaciones que currar duramente en cualquier otro oficio y escribir cuando podamos.

La pregunta después de oíros podría hacerse de la siguiente manera: ¿alguién que escribe/crea este poema, puede llamarse escritor/poeta profesional/ o sería alguién que escribe bien/mal/regular cuando puede? ¿Cuándo pasa uno a ser escritor? Kafka, sabemos que llevaba una vida de oficinista por el día y por la noche escribía obras de todo tipo en el estilo que una vez muerto le ha hecho famoso, pero claro...a Kafka fueron los críticos postmorten los que le dieron la fama mundial que ahora tiene cualquiera de sus obras, si no hay críticos, Kafka hubiera sido el oficinista que tenía obritas en un baul guardadas ¿o digamos lo que digamos siempre hubiera sido escritor?

Una reflexión que hago en esta tertulia, y que para mi tiene difícil respuesta.

9:04 PM, julio 19, 2006

El usuario anónimo dijo...

Puedo hablar sólo de lo que a mí me concierne: respecto de cómo sucede en mi el proceso creativo. En el caso de otros autores, puede –y de hecho así sucede- producirse lo mismo por caminos diferentes. En mi caso, antes del proceso estrictamente "escritural", se manifiesta en mi espíritu un fenómeno emocional e intelectual al que denomino “el fantasma” de lo que voy a escribir. Sucede que esta sensación difusa se va transformando aceleradamente en imágenes y palabras, comienza a manifestarse a través de estos elementos, los que a su vez, posteriormente, producen una múltiple asociación e ideas, las que me proporcionan a su vez más imágenes y palabras. Una suerte de manantial que posee, sin embargo, una fuerte hilo conductor. No se trata de un revoltijo de imágenes, palabras y sensaciones secundarias, sino de metáforas funcionales al sentido inicial del “fantasma”, su expresión a través del lenguaje. Al comenzar a escribir, simplemente se produce una suerte de traducción de ese sentido a la lengua española. En apretada síntesis, en mi caso es así como sucede.
En poesía, todos los sistemas de ideas, todos los conocimientos, todas las fuentes aportan lo suyo para llegar a una expresión quizá bien distante de esos orígenes, que es el poema en sí. Al momento de ser creado, el poema no ofrece un límite preciso entre forma y fondo: de hecho, forma y fondo son una sola cosa en el poema, resultan inseparables, como la madera del árbol: es imposible separar la una del otro, sin destruir al conjunto. A la vez, la poesía consiste en un mundo propio, que posee sus propias leyes y medidas, que sin embargo –esto puede parecer paradojal, pero no lo es- tiene una íntima relación con todo lo que existe fuera de ella. Resume el mundo y es ampliada por él... Se entiende esta paradoja interpretando lo que dije antes, que tiene sus propias leyes y medidas.
Lo que puede resultar absurdo fuera del universo poético, en él puede tener un sentido tan cabal y concreto como el que tiene una montaña o un río en el mundo natural.

Clara

11:28 PM, julio 19, 2006

Caque dijo...

Gonzalo, creo que planteas dos cuestiones diferentes:

1º ¿Cuándo alguien es escritor? Escritor, de la forma que lo estamos entendiendo aquí, es el que escribe como forma de expresión artística, más allá del medio de comunicación de mensajes entre personas.

1º ¿Cuando se puede decir que alguien escribe bien? Pues chico, alguien podrá decirse que escribe bien cuando lo haga, para él o para alguien, y creo que poco más se puede añadir al respecto. Si te gusta escribir pues escribe, igual que te gusta acariciarle los pechos a una hembra deseada o igual que necesitas comer tres veces al día, en ambos casos, sea gusto, sea necesidad, escribirás y punto. Y será bueno o será malo dependiendo de tu maña para esa forma de expresión artística, tu oficio y el interés que detente lo que digas. Y a unos les gustará y a otros no.

2º ¿Cuándo la sociedad te reconoce como escritor? Pues cuando las voces autorizadas dentro de ese mundo así lo digan. ¿Qué cómo se logra eso? Pues consiguiendo que ésos te lean y que les guste. Dejo a vuestra febril imaginación las mil maneras de conseguir que una persona ocupadísima que a diario nada entre libros lea el de una persona totalmente ajena, pero muchas de ellas son bastante poco dignas. Es tan fácil como la forma en que nosotros escogemos nuestras propias lecturas dentro de la galaxia de obras que hay, pues porque de una u otra manera nos lo dice el fulanito de turno en quien confiamos, que si éste no nos lo dice, tal escrito o tal otro es como si no existiera.

3º ¿Que cuándo puedes vivir de ello? Pues cuando lo que escribas sea producto de mercado. Para lo cual es condición prácticamente indispensable la primera condición. No siempre sucede así, pero sí en la mayoría de los casos. Para vender tus tomates tienes que tienes acceso a los canales de distribución, y la llave de los canales la tienen los intermediarios, los distribuidores, si no colocas tus tomates en el lineal del “carrefur”, tus tomates no existen. Bien puede ocurrir que tus tomates sean excepcionales, que pongas un tenderete al borde de tu huerta, y que con el boca a boca se vayan vendiendo todos, y acabes teniendo una factoría de tomates, bien puede ser, no digo que no, ahora bien, está dificilillo, y sobre todo y ante todo, para eso tus tomates han de ser absolutamente excepcionales, ningún tomate de los que existe en el planeta debe de parecérseles ni en sueños, entiéndase que hablo de tomates, no de una hortaliza de la que no se tiene noticia, no, son tomates, los mismos tomates que vemos todos los días a todas horas en todas las tiendas... ¿Quién tiene así los tomates?...

Nada de lo dicho hasta el momento sería realmente importante, sólo lo que he mencionado al principio: si te gusta escribir pues escribe. El drama, la comedura de tarro, el tener a la pobre perdiz al borde del vómito debido al mareo que le provoca las vueltas que la estamos obligando a dar, el quid de la cuestión, es el tiempo. A mi, dentro de un obvio límite que no digo porque está en la mente de todos, me importa un carajo lo que opine la humanidad de mis escritos. Imaginaros que me pagan un sueldo por esto, sí, por esto, por tener un blog, escribir lo que se me pase por la cabeza, y entablar con mis cuatro colegas tertulias etéreas sobre la literatura… Ya puede opinar toda la crítica mundial que lo escribo es una castaña, que yo estaré más feliz que unas pascuas (por cierto, eso le ocurre a Ken Follet o a John Gisham, por decir alguno, y están tan contentos en sus mansiones). Otra cosa, digo, es el drama de la escasez de tiempo. No es que se sea escritor, se te considere escritor, se sea profesional, diletante, medio pensionista, al baño maría o al ali-oli. El problema es que no se tiene tiempo para escribir lo que se quisiera, y se cree que se hace bien, lo de escribir, y eso jode, y se desea ser profesional porque profesionalizar una pasión artística es la única forma de vivirla plenamente.

Ahora restaría preguntar… Bueno, entonces, cómo se llega a ser escritor profesional. De eso no voy a hablar, porque no lo sé. Pero me da la sensación que uno se hace escritor profesional como alguien se hace director financiero. Es decir, tomando una decisión y dando los pasos conducentes a ello. Y sobre todo, anteponiendo el triunfo profesional a otras cosas, porque si algo nos enseña la vida es que no se puede hacer todo (aunque confieso que a veces pienso que nuestro buen Félix podría ser la excepción que confirma la regla).

Más que la cuestión anterior a mi me interesa otra pregunta: ¿La única manera de escribir realmente bien es siendo profesional de ello? ¿De la misma manera que sólo se puede ser un buen director financiero ejerciendo de ello, y que por mucho que te gusten los mercados financiero, sólo el trabajo diario puede darte el verdadero “título”? Ahí os dejo la pelota…

Posdata: Clara, Clara… No me olvido de ti, pero ya he escrito mucho y no tengo más ganas. Únicamente decirte que hablas de lo inefable, que rondas los terrenos de lo metafísico, y que no sé si realmente se puede hablar de ello, en la medida que son experiencias personales e intransferibles, aunque es realmente un asunto fascinante. A ver si encuentro otro rato y charlamos.

Esta vez creo que me he pasado... Como lleguéis leyendo hasta aquí os merecéis un premio... ¿No sería más fácil hacer esto delante de un gin-tonic bien preparado?...

7:08 PM, julio 22, 2006

Fernando Díaz dijo...

El amigo Caque, como siempre, armado de doce arrobas de aplastante sentido común, razonamiento lógico e ingenio, a veces próximo a la humorada que ayuda a tragar la seriedad del fondo.
Tan de acuerdo estoy contigo que lo firmo de principio a fin... Incluido lo del gin tonic preparado... Y no necesariamente en este orden.

7:43 PM, julio 23, 2006

El usuario anónimo dijo...

Gracias Caque, no hace falta que escribas, solo la intención ya me compensa.
Me gusta lo que dices, pero me entristece que pongas la literatura al nivel de un bien de consumo como los tomates. Tal vez esté en un error porque también Fernando te secunda.
Yo escribo porque junto con la respiración me nacieron los sueños, la necesidad de ternura, de confiar en alguien.
Por un simple y elemental deseo de comunicación humana, tejido por una comunicación con mis hermanos. Encuentro en la vida actual hay tanto artificio, tanta violencia, tanta agresividad, tanta electrónica que creo que se nos está enfriando la sangre. Yo, por principio, escribo a mano en cuadernos, porque estoy contra la deshumanización del arte a la cual nos ha llevado internet, la electrónica y la "apretación de botones"... Aunque a veces hay notables excepciones y me contradiga escribiendo estas líneas y participando en este debate.
Mi proceso literario es muy particular, soy transgresora, ajena a las reglas. Mi proceso literario debe ser como cuando las pájaras van a poner huevos y las mujeres van a dar a luz. Casi no es un proceso, es un sentir. Para mí el acto de crear es como una parición, donde se me comprometen el pelo, los huesos, incluso a veces me da fiebre porque todo lo que hago me involucra el ser entero.
Pero no tengo un sistema preestablecido ni busco incentivos de sabiduría exquisita. Mis incentivos pueden ser una palabra, escuchar al pasar los ojos de un viejo pobre mendigo, puede ser un niño que va corriendo a la con lluvia y los pies partidos por el granizo y puede ser también el relincho de un caballo o la mirada de mis volcanes donde aprendí a anunciar los climas mucho mejor que en la televisión, porque se qué significa "la vaca pelada" sobre la cordillera de los andes o lo que significa "el sombrero del volcán Osorno".
Ustedes hablan de castilla como yo de mi tierra. Suongo que entenderán.
Saludos.

Clara

Editorial
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El sentido del seudónimo

A menudo me imagino a Jesús regresando a Nazaret. Último avituallamiento en las postrimerías de su vida pública, una visita a familiares y amigos antes de la terrible ascensión al Gólgota. Solo, sin discípulos, sin la parafernalia que arrastra la fama. Le veo entrar al pueblo por la polvorienta calle principal: fotograma de western, alargada figura solitaria, pistolero o sheriff dirigiéndose hacia un duelo. Mientras avanza se descubre en un lento travelling a los habitantes del lugar, mujeres ocupadas con la intendencia, niños corriendo, ruidos de manufacturas, bestias en movimiento, hombres trajinando...; escena de actividad diaria decorada con la iconografía que he aprendido en retablos, páginas y pantallas. De momento nadie reconoce la ilustre visita, lógico, lleva echado el manto sobre la cabeza, ocultándole en gran parte el rostro. Jesús va observando, se le humedecen los ojos, son muchos los recuerdos...

Se dirige a la fragua, ahí sigue, donde la recordaba, allí está el hijo del herrero avivando el fuego. La evidencia de ese cuerpo musculoso manejando con soltura profesional el fuelle, confirma que actualmente ha habido intercambio de papeles, el hijo del herrero es ahora el herrero, y su padre, otrora titular del puesto, ha pasado a actuar de padre del herrero. Ya cuando él marchó se iba ocupando de tareas cada vez más penosas, el pasar inexorable del tiempo ha ido consolidando el relevo generacional. De nuevo la memoria le descarga a bocajarro una andanada de vivencias: el hijo del herrero y el hijo del carpintero, hierro y madera, siempre juntos, para jugar después de cumplir con las tareas familiares, riendo, incordiando a los animales domésticos, de visita en el huerto del vecino sin demasiado permiso, huyendo de los mayores, atiborrándose los sentidos los días de mercado... Pendiente de conservar las calorías, el artesano no repara en la persona que desde el vano de la puerta le mira, Jesús da un paso al frente echándose para atrás el manto.

Hola - saluda.

El herrero deja con cuidado la tarea y se vuelve hacia el recién llegado. El cerebro del domador de metales inicia una actividad frenética con el objetivo de encajar el semblante que está contemplado en el lugar de su pasado al que corresponde. La búsqueda dura un segundo, Jesús no osa interrumpirle, aguarda el resultado del esfuerzo mental de su viejo amigo.

Ya me hubiera gustado que anduvieras sobre las aguas aquel día en Genesaret... Cómo corriste a pedir ayuda... - Termina diciendo tras situar al personaje que tiene delante.
– Aún no era el momento...
– ¿Para qué has vuelto?
Nostalgia... Éste es mi pueblo...
Ya... Por aquí todo sigue igual... Mucho trabajo... Cuesta ganarse el pan...
Os arregláis bien...
No, no, no creas... Nada parece bastante para los recaudadores... - Sonríe. Toma aire. Se tranquiliza. - Bueno... Y qué es del hombre importante... Mira que meterte en política...
No soy un político...
Jesús, hazte un favor... Aquí no vengas de Salvador... No sé si es verdad eso que de ti se cuenta... A mi no me interesa, yo tengo una familia que mantener y no me meto en polémicas... Hasta aquí han llegado noticias extrañas sobre ti... Unos creen que eres un charlatán, otros que estás con la resistencia, también les hay que creen que te has vuelto loco... Pero aquí todo eso no cuela...Lo que quiero decir es que aquí te conocemos... Joder: aquí eres Jesús, el hijo del carpintero... Aquí todavía se te recuerda haciendo el gamberro... Conmigo...

Ambos ríen sin poder evitarlo...

¿Por qué no arreglas el cabecero de la cuna?... Se ha vuelto a salir y necesito echar al niño para preparar la comida... - Una voz femenina desbarata el encantamiento surgido entre los dos hombres, vertiendo una dosis masiva de realidad en el ambiente. La mujer baja por las escaleras que comunican la herrería con la vivienda.

Jesús... ¿Te acuerdas de...?
Claro... Qué tal estás...
... - La mujer reconoce y calla.
¿Es vuestro? - Pregunta señalando a la criatura.
Sí... Nos casamos... Más vale tarde que nunca... - Responde el herrero.
¡Ah!... Enhorabuena...

La mujer con el bebé en brazos mira a Jesús con todo el reproche cómplice que dada la situación puede expresar. Después se recompone y le saluda educadamente.

Hola Jesús... Estarás cansado del viaje... ¿Tienes sed? ¿Tienes hambre?...
No.
Qué tal tu madre...
Bien.
María no tiene edad para esos trotes...
...
¿Para qué has vuelto?
Nostalgia...
¿Los mesías tenéis de eso?
Yo sí.
Irás a ver a tu padre, supongo...
...

El silencio se establece más de lo necesario.

Bien... Me ha encantado veros, pero tengo que marcharme...
Jesús, espera, no te vayas así... Disculpa si hemos estado algo distantes... Compréndelo, es mucho tiempo... ¿Cuánto?... Años... Y las habladurías sobre ti...Venga... Apago el fuego, nos aseamos y comemos... Ya la has oído... Iba a preparar la comida...
No. Muchas gracias. Ha sido estupendo... - Baja la mirada delante de la familia - Además es cierto... Han ocurrido muchas cosas...

La mujer permanece callada, aunque una palabra suya bastaría para que Jesús se quede, pero permanece callada.

No. Me voy... De verdad, os lo agradezco de corazón... He de irme. Me están esperando. Gracias de nuevo...

Se emboza, da la espalda a sus amigos y se dirige a la puerta...

Jesús... - Es la mujer quién habla. El aludido apoya una mano en el marco y se detiene sin volver la cara. - Los sacerdotes y los legionarios andan preguntando por ti. Ten cuidado.
Lo sé. Gracias.

Jesús sale fuera, respira profundamente, desanda el camino que le llevó a la herrería, nadie repara en él, la gente está azacaneando, va a lo suyo. Mientras regresa a encontrarse con sus partidarios, compone mentalmente las primeras frases de la oración que elevará al Padre en Getsemaní.

Aquí termina la evocación... ¿Sabes?... Creo que en el pellejo del Nazareno yo hubiera utilizado un seudónimo para La Vida Pública, Caque, por ejemplo... Así siempre hubiera podido regresar tranquilamente a mi pueblo...

Caque
http://lavidapublica.blogspot.com

Los malditos

Vida

Saben, tampoco conocí a José Hierro. Una pena. Sí a sus familiares, con los que tuve el placer de disfrutar de una velada hace ya tiempo. Así descubrí la figura humana del poeta antes casi que sus versos. Durante una temporada el runrún y la figura de José Hierro planeó sobre nuestra tertulia de Alcalá de Henares. Luego, fue que me compré su último poemario, “Cuaderno de Nueva York”, Ediciones Hiparión, ISBN 84-7517-589-9, para deshacer el sortilegio de una vez.

Al leer este poema se me reproduce la congoja del corazón, como la pesadez del sabio que antes de morir, revelara un secreto, su secreto de vida.

VIDA

A Paula Romero

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito “¡Todo!”, y el eco dice “¡Nada!”.
Grito “¡Nada!”, y el eco dice “¡Todo!”.
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro
http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Hierro

© Caleidoscopio de ideas, 2006